Claudio Bonete, se quitó el cuchillo que le había atravesado el estómago y con la misma arma corrió detrás de su agresor. Después de unos 250 metros, viendo que no lo podía alcanzar le arrojó el mismo cuchillo sin darle alcance. La futura arma homicida quedó en el medio de la calle sin que ningún transeúnte fuera capaz de juntarla. Dio media vuelta y se encontró con sus amigos que llegaban corriendo, tardaron en reaccionar ante el episodio. Éste, los hizo detener.
- ¡Paren! ¡Paren! Se me escapó el hijo de puta. Pero ya lo voy a agarrar. Si o si, va a terminar pasando por esta calle.
Cuando sus amigos vieron la sangre que salía debajo de su mano y que inútilmente buscaba tapar la herida, hicieron que se sentarse recostándolo sobre la pared de una casa. Dos intentaron parar un taxi que los esquivó y salió a gran velocidad. Los autos ya casi no pasaban por aquella calle. Golpearon todas las puertas de las casas y pedían a gritos que alguien llamen una ambulancia. Un vecino abrió la puerta y dijo que ya lo había hecho. Luego de unos cuarenta minutos llegó una ambulancia y cargaron a Claudio que repetía sin descansar que estaba bien, que no era nada y que pronto estaría bien para vengarse de Panchito. Uno de sus amigos se subió con él y los otros salieron corriendo para el hospital donde iba a ser trasladado. Cuando llegaron, ya estaba muerto.
Por otro lado Francisco “Panchito” García, fue hasta la comisaría más cercana y sin saber que Claudio ya estaba muerto, denunció ante un inexperto cabo de guardia, que no estaba seguro de cómo encarar dicha denuncia, optando por hacerla en un borrador y luego consultar con su superior. Panchito empezó a contar con efusividad y nervios lo que había acontecido.
- Llegó mi hermanito Manuel a casa llorando. Había dejado la bicicleta tirada en el suelo y se agarraba las costillas. Mi mamá intentó levantarle el brazo para mirarlo bien y pegó un grito que nos asustó mucho. Según mi madre tenía las costillas rotas. Le pregunté que había pasado y dijo que fueron los “matasapos”, el que le pegó la patada fue Claudio. Yo llevaba mi cuchillo en la cintura, como siempre andamos por este barrio y salí sin pensarlo mucho. A una cuadra y media los vi reunidos en su esquina, tomando vino y cobrando peaje como siempre a todos los que pasan por allí. Cuando me vieron venir el primero que salió haciéndose el guapo fue Claudio. Traía una botella vacía de cerveza en la mano. De lejos ya me gritaba. No entendí muy bien que me decía. Cuando estábamos cerca yo le dije que no molestara más a mi hermano y que si lo llegaba a tocar de nuevo lo abriría al medio como a un pescado. Él me tiró con la botella y yo traté de esquivarla pero me dio en el hombro. Cuando quise mirar vi que se me venía encima como un toro, me agaché. El siguió de largo cayéndose al suelo. Se levantó y se me vino de nuevo. Yo, saqué mi cuchillo y se lo ensarté en la panza, pero cuando quise sacarlo, él me dio una trompada que me tiró para atrás. Cuando veo que se quitó el cuchillo empecé a correr y acá estoy.
El juicio se llevó a cabo luego de un año y diez meses. En la realización de los alegatos, el fiscal de Cámara había solicitado la pena de seis años de prisión porque entendió que la actitud de García cabía en la figura de “Exceso en la legítima defensa”; por su lado el abogado defensor reclamó la absolución porque consideró que actuó en defensa propia.
El tribunal de la Sala I en lo Criminal escuchó a Francisco “Panchito” García, de 22 años, que compareció acusado del delito de Homicidio Simple. Tuvo que explicar que apuñaló con un cuchillo a Claudio Bonete, en defensa propia. El acusado se limitó a relatar, como tantas veces había hecho, lo sucedido aquel día.
Luego llegaron las declaraciones de los testigos de ambas partes, con varias contradicciones de ambos lados, pero todos destacando que el grupo reunido en la ya famosa calle, cobraba y cobra peaje. También prestaron testimonio el jefe de la comisaría local, el cabo que intentó tomar declaración a García y el medico forense, quien realizó una pormenorizada y explicita información de los datos arrojados en la autopsia.
Fue necesario también la realización de un careo para aclarar una serie de datos contradictorios entre testigos de ambas partes, que no arrojaron respuestas definitivas.
A los nueve días el tribunal de la Sala I en lo Criminal, acabó de absolverlo de culpa y cargo del delito de Homicidio Simple a Francisco García, que tuvo como victima a Claudio Bonete, por considerarlo que actuó dentro de la “Justificación de Legitima Defensa”.
Los familiares de Panchito festejaban y se abrazaban. El abogado defensor saludaba también a sus amigos que habían acudido a verlo como si se tratara de una obra de teatro. Los familiares y amigos de la victima con caras largas abandonaban la sala. El tribunal se levantó mirando la hora. En medio del tumulto y el cuchicheo, Francisco “Panchito” García, seguía sentado en su silla de acusado sin realizar ningún gesto.
- ¡Señores! ¡Señores! –dijo Francisco levantado la voz y dirigiéndose al tribunal que lo miró sorprendido. – No entiendo. ¿Que pasa?¿Adónde van?
- ¡Te absolvieron! ¡Sos libre! – dijo el abogado percatándose de la reacción de su defendido y brindándole una sonrisa igual que dos miembros del tribunal ante la cara de miedo de Francisco.
- Pero. No entiendo. ¿Cómo que yo no fui? Yo maté a Claudio. No fue queriendo, pero lo maté. ¡Yo lo maté!
- ¡Paren! ¡Paren! Se me escapó el hijo de puta. Pero ya lo voy a agarrar. Si o si, va a terminar pasando por esta calle.
Cuando sus amigos vieron la sangre que salía debajo de su mano y que inútilmente buscaba tapar la herida, hicieron que se sentarse recostándolo sobre la pared de una casa. Dos intentaron parar un taxi que los esquivó y salió a gran velocidad. Los autos ya casi no pasaban por aquella calle. Golpearon todas las puertas de las casas y pedían a gritos que alguien llamen una ambulancia. Un vecino abrió la puerta y dijo que ya lo había hecho. Luego de unos cuarenta minutos llegó una ambulancia y cargaron a Claudio que repetía sin descansar que estaba bien, que no era nada y que pronto estaría bien para vengarse de Panchito. Uno de sus amigos se subió con él y los otros salieron corriendo para el hospital donde iba a ser trasladado. Cuando llegaron, ya estaba muerto.
Por otro lado Francisco “Panchito” García, fue hasta la comisaría más cercana y sin saber que Claudio ya estaba muerto, denunció ante un inexperto cabo de guardia, que no estaba seguro de cómo encarar dicha denuncia, optando por hacerla en un borrador y luego consultar con su superior. Panchito empezó a contar con efusividad y nervios lo que había acontecido.
- Llegó mi hermanito Manuel a casa llorando. Había dejado la bicicleta tirada en el suelo y se agarraba las costillas. Mi mamá intentó levantarle el brazo para mirarlo bien y pegó un grito que nos asustó mucho. Según mi madre tenía las costillas rotas. Le pregunté que había pasado y dijo que fueron los “matasapos”, el que le pegó la patada fue Claudio. Yo llevaba mi cuchillo en la cintura, como siempre andamos por este barrio y salí sin pensarlo mucho. A una cuadra y media los vi reunidos en su esquina, tomando vino y cobrando peaje como siempre a todos los que pasan por allí. Cuando me vieron venir el primero que salió haciéndose el guapo fue Claudio. Traía una botella vacía de cerveza en la mano. De lejos ya me gritaba. No entendí muy bien que me decía. Cuando estábamos cerca yo le dije que no molestara más a mi hermano y que si lo llegaba a tocar de nuevo lo abriría al medio como a un pescado. Él me tiró con la botella y yo traté de esquivarla pero me dio en el hombro. Cuando quise mirar vi que se me venía encima como un toro, me agaché. El siguió de largo cayéndose al suelo. Se levantó y se me vino de nuevo. Yo, saqué mi cuchillo y se lo ensarté en la panza, pero cuando quise sacarlo, él me dio una trompada que me tiró para atrás. Cuando veo que se quitó el cuchillo empecé a correr y acá estoy.
El juicio se llevó a cabo luego de un año y diez meses. En la realización de los alegatos, el fiscal de Cámara había solicitado la pena de seis años de prisión porque entendió que la actitud de García cabía en la figura de “Exceso en la legítima defensa”; por su lado el abogado defensor reclamó la absolución porque consideró que actuó en defensa propia.
El tribunal de la Sala I en lo Criminal escuchó a Francisco “Panchito” García, de 22 años, que compareció acusado del delito de Homicidio Simple. Tuvo que explicar que apuñaló con un cuchillo a Claudio Bonete, en defensa propia. El acusado se limitó a relatar, como tantas veces había hecho, lo sucedido aquel día.
Luego llegaron las declaraciones de los testigos de ambas partes, con varias contradicciones de ambos lados, pero todos destacando que el grupo reunido en la ya famosa calle, cobraba y cobra peaje. También prestaron testimonio el jefe de la comisaría local, el cabo que intentó tomar declaración a García y el medico forense, quien realizó una pormenorizada y explicita información de los datos arrojados en la autopsia.
Fue necesario también la realización de un careo para aclarar una serie de datos contradictorios entre testigos de ambas partes, que no arrojaron respuestas definitivas.
A los nueve días el tribunal de la Sala I en lo Criminal, acabó de absolverlo de culpa y cargo del delito de Homicidio Simple a Francisco García, que tuvo como victima a Claudio Bonete, por considerarlo que actuó dentro de la “Justificación de Legitima Defensa”.
Los familiares de Panchito festejaban y se abrazaban. El abogado defensor saludaba también a sus amigos que habían acudido a verlo como si se tratara de una obra de teatro. Los familiares y amigos de la victima con caras largas abandonaban la sala. El tribunal se levantó mirando la hora. En medio del tumulto y el cuchicheo, Francisco “Panchito” García, seguía sentado en su silla de acusado sin realizar ningún gesto.
- ¡Señores! ¡Señores! –dijo Francisco levantado la voz y dirigiéndose al tribunal que lo miró sorprendido. – No entiendo. ¿Que pasa?¿Adónde van?
- ¡Te absolvieron! ¡Sos libre! – dijo el abogado percatándose de la reacción de su defendido y brindándole una sonrisa igual que dos miembros del tribunal ante la cara de miedo de Francisco.
- Pero. No entiendo. ¿Cómo que yo no fui? Yo maté a Claudio. No fue queriendo, pero lo maté. ¡Yo lo maté!
El tribunal se apresuró a salir y el abogado lo tomó de los hombros y empujándolo, lo llevó hasta la salida donde sus familiares se agolparon para abrazarlo.