Carta desde Barcelona

Hola mamá:

¿Cómo estás? Espero que bien, antes que nada, te pido disculpas por no escribirte antes. Acá en España, la vida pasa muy rápido y entre el poco tiempo y mi poca voluntad. Ya ves. En fin. Seguimos bien, Ana, te deja muchos saludos, siempre se acuerda de vos, incluso fue ella la que me insistió para que te escriba. Tengo muchas cosas que contarte. No sé por donde empezar. Veamos. ¿Té acordás de Juancho? Iba siempre a casa a comer, vivía a la vuelta de la manzana, pegada a la casa de Don Lito. Se vino también a Barcelona, hace como dos años. Nosotros como habíamos conseguido alquilar un departamento con tres habitaciones, los alojamos a él y a su novia, Pepi, también de allá, vivía en el barrio San Martín. Bueno, con respecto al trabajo marcha todo excelente, siempre trabajando e incluso fuimos cambiando siempre para mejor. Hemos hecho viajes por toda España, es un país maravilloso tiene muchas cosas lindas, siempre hay algo diferente para ver y la gente siempre te recibe amablemente. En fin. Paso al motivo principal de esta carta. Antes que nada, quiero que sepas que ya está todo muy bien y somos muy felices. Ana, ha tenido un hijo, se llama Andrés, sí como yo. Es hermoso, muy despierto, ya tiene siete meses, está bien gordito y duerme todo el día, no molesta para nada, pero, tal vez es difícil de entender, no es tu nieto. No, mamá. Es hijo de Ana. Son cosas que pasan y ya se superaron. Todo bien. Ahora, no te amargues, porque yo también he tenido un hijo, con otra chica. Es hermoso, tiene unos ojos preciosos, es inquieto, súper activo, todo el tiempo queriendo hacer algo, se llama Juan. Como el abuelo. Aunque en realidad lleva ese nombre por Juancho. Cuando nos hicimos las pruebas de ADN. Que nos salieron bastante caras, por cierto, ya les habíamos puesto esos nombres. Así, que ya quedaron así. Mi hijo se llama Juan. Y el de Juancho se llama Andrés. Sé que todo esto es difícil que lo entiendas, pero no encuentro otra forma de decírtelo. La madre de mi hijo es la Pepi, la novia de Juancho. Esto parece a una telenovela venezolana, pero nosotros ya lo tenemos claro, que es lo importante. Yo amo a Ana y ella me ama a mí. No puedo recriminarle que me haya engañado con Juancho, porque yo también la engañé y ella con la Pepi. Fue una etapa rara y compleja, nos habíamos separados, las dos parejas y sin saberlo nos engañamos. Obviamente, Ana quiere estar con su hijo y yo no quiero abandonar al mío. O sea, que vivimos todos juntos, como una comunidad hippie. Je, je, je. Obviamente cada pareja tiene su propia habitación y por el momento los niños duermen en un moisés junto a nuestra cama. A mí lamentablemente me toca dormir con Andresito, el hijo de Juancho. Pero más adelante, como sobra una habitación seguramente enviaremos a los niños a dormir juntos allí.
Estamos planeando volver a Argentina pero se complica que podamos ir todos juntos, digo por los seis. Ya que si voy yo y llevo a Juancito, tendrá que ir la Pepi, porque ella es la madre, pero yo quiero ir con Ana, ella también tiene derecho a ir para enseñar a su hijo. En fin. Esperemos que pronto podamos volver todos.
Otra cosa. Pepi, la madre de mi hijo, conversando de todo un poco. Resulta que ella cuando tenía ocho años, fue adoptada por una familia que vive en el centro, en calle Urquiza, charlando sobre si conocía a sus padres biológicos resultó ser la hija de la tía Ofelia. Yo me acordé de la historia que me contaste de tu hermana, que al fallecer el tío Patricio, ella estuvo muy mal y antes de suicidarse, dio en adopción a la pequeña Giselita, bueno, ella es la Pepi. O sea, que somos primos hermanos. Claro, que a esto lo descubrimos después que nació Juancito.
Bueno mamá, prometo escribirte más seguido y espero pronto ir a enseñarte a tu nieto. Te quiero mucho, mucho. Te mando unas fotos de una asado que hicimos acá. Yo tengo en brazos a Andresito, el hijo de Juancho, que tiene la camiseta de Boca. Y Juancho tiene en brazos a mi hijo, Juancito, que sin duda, tiene la camiseta de River, de chiquito lo voy haciendo inteligente. Je, je. Un beso grande. Saludos al viejo, vos sabrás como contárselo sin que enoje mucho. Hasta pronto.

Andrés.