Todo comenzó el día de mi cumpleaños número cincuenta, me estaba arreglando para ir al restauran a festejarlo con mis amigas, solo a las que sus maridos las dejaban ir. Yo no rendía explicaciones a nadie. Mientras me pintaba los labios observé esas arrugas en el labio superior que obviamente las traía hace mucho, pero no las había visto así, tan… tan marcadas. El espejo también reveló lo que el paso del tiempo había hecho a mis ojos, la papada, los pómulos, las grasas, las celulitis, las varices y sentí ganas de investigar todo mi cuerpo. Me desnudé completamente. Esa, frente al espejo, no era yo.
Me dieron ganas de encerrarme en mi casa y no salir más a la calle. Me senté en la cama y mis recuerdos me arrastraron a intentar descubrir la ecuación que me ayude a resolver el misterio de dónde, cuándo y porqué se me había pasado tan rápido la vida.
Culpé a esos seis años lanzados a la basura con Roberto. Pensar que creí que un hombre puede ser diferente a los demás. A esos días primaverales cuando no quise tener novio fijo y con aquel cuerpo juvenil elegía con quién acostarme. O en la estúpida fantasía de irme como enfermera a África. Quizás perdí mi tiempo en el bachillerato, quería que terminaran de una vez por todas. Era privado, católico y exigente. O tal vez en la primaria entre el elástico, la rayuela y el querer ser grande, tener hijos y un marido fuerte y hermoso. No estaba segura de si todos esos recuerdos los había vivido o soñado.
En esos cinco minutos, tal vez más o tal vez menos, pasaron en mi cabeza como diapositivas un fugaz repaso de mi vida y después me tope con una especie de pared. Veía allí, apilados, mis complejos, mis problemas, mis malas decisiones, mis errores. Se presentaba un nuevo dilema ante mí. Una nueva toma de decisión. ¿Qué hacer con esa pared que se imponía frente a mí? Reconozco que sentí más que nunca mis cincuenta años con mis limitaciones.
Me puse de pie, me perfumé y atravesé la puerta de mi casa. Cincuenta años es solo un numero, mi vida fue lo que fue, esa magnánima pared que estaba frente a mí, era justamente para atravesarla no para quedarme mirándola.
1 comentarios:
Me ha gustado el mensaje detras del relato corto (o al menos el que a mí me ha llegado). La protagonista que alza la cabeza ya acaba con sus complejos es una bella estampa :)
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